
Segun Diego Pimentel vivimos Superconectados. Teléfonos fijos en casa y en la oficina, celular, E-mail, Messenger, GPS y contestadores automáticos, pero por mas que los medios de comunicación sean cada vez mayores la misma es cada vez menor, esta es la gran paradoja que se esta dando en los últimos tiempos.
Se puede decir que para que exista una comunicación efectiva debe haber dos factores el emisor y el receptor. Pero no lo hay cuando el emisor no puede convertirse en tal a causa del ruido generado por los canales físicos de la incomunicación celular. Los usuarios de los aparatos celulares llegamos a sentir la sensación de inutilidad de los mismos ya que a la hora de comunicarnos nunca estamos “ubicables” debido a que por un motivo u otro no atendemos las llamadas. Pero mas que no ubicables, estamos no disponibles porque nosotros somos los que decidimos responder o no a esa llamada o mensaje.
Siguiendo con el concepto de ubicabilidad y disponibilidad, los trasladamos a la Web y a los sistemas de mensajeros automáticos conocidos comúnmente como Messengers. Estos programas nos permiten mostrar perfiles de cada usuario, administrar contactos agrupándolos, (estos últimos son, generalmente, conocidos en nuestra realidad cotidiana y a través de este tipo de comunicación ahorramos dinero en teléfonos fijos y celulares), y mostrar el estado de conexión, ya sea avisar cuando estamos conectados, disponibles, ocupados, ausentes, no conectados. Esta última significa que podemos conectarnos de manera invisible y espiar a quienes lo están sin que se den cuenta. ¿Será que la superconexión nos vuelve tan expuestos al mundo exterior que a veces queremos pasar desapercibidos o “invisibles” por así decirlo?
Se puede decir que para que exista una comunicación efectiva debe haber dos factores el emisor y el receptor. Pero no lo hay cuando el emisor no puede convertirse en tal a causa del ruido generado por los canales físicos de la incomunicación celular. Los usuarios de los aparatos celulares llegamos a sentir la sensación de inutilidad de los mismos ya que a la hora de comunicarnos nunca estamos “ubicables” debido a que por un motivo u otro no atendemos las llamadas. Pero mas que no ubicables, estamos no disponibles porque nosotros somos los que decidimos responder o no a esa llamada o mensaje.
Siguiendo con el concepto de ubicabilidad y disponibilidad, los trasladamos a la Web y a los sistemas de mensajeros automáticos conocidos comúnmente como Messengers. Estos programas nos permiten mostrar perfiles de cada usuario, administrar contactos agrupándolos, (estos últimos son, generalmente, conocidos en nuestra realidad cotidiana y a través de este tipo de comunicación ahorramos dinero en teléfonos fijos y celulares), y mostrar el estado de conexión, ya sea avisar cuando estamos conectados, disponibles, ocupados, ausentes, no conectados. Esta última significa que podemos conectarnos de manera invisible y espiar a quienes lo están sin que se den cuenta. ¿Será que la superconexión nos vuelve tan expuestos al mundo exterior que a veces queremos pasar desapercibidos o “invisibles” por así decirlo?
Bibliografía: Montagu, A; Pimentel, D; Groisman, Martin. 2004. Cultura Digital, comunicación y sociedad. Ed. Paidos. Buenos Aires. Capitulo 1: Superconectados
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